La certidumbre como factor generador de valor

Quiero aprovechar este espacio para celebrar y felicitar al grupo de alumnos encargados de sacar adelante el proyecto “The Key”. Un proyecto como este requiere, además de un nivel de organización, compromiso y recursos; un profundo amor y respeto a la profesión y a lo que uno se dedica. Son este tipo de iniciativas que, aquellos que somos docentes, buscamos despertar en los estudiantes, ya que contribuyen a difundir conocimiento y generar debate respecto a temas que son de interés para gente inmersa en el mundo empresarial.

Luego de esta introducción, permito tomarme la libertad que este primer artículo tenga un enfoque más conceptual e introductorio con respecto al tema que me toca desarrollar, que son los Derivados Financieros.

En los mercados financieros se negocian una serie de activos financieros. Los más conocidos por todos son los bonos, acciones e instrumentos de corto plazo –money market-. A través de estos, los mercados cumplen su rol de intermediar fondos entre agentes con superávit de capital hacia aquellos con déficit de él. Sin embargo, existe otro grupo de activos financieros cuya finalidad se encuentra más ligada; primero, a generar rentabilidades superiores frente a las que se pueden obtener a través de instrumentos financieros convencionales –especulación-; y, segundo, a ser instrumentos que permitan gestionar los diferentes riesgos financieros –cobertura-. Así, tenemos a los instrumentos financieros derivados (IFD), cuyo nombre hace referencia a que el valor de este tipo de instrumentos se deriva del precio de otros activos, conocidos como activos subyacentes. A su vez, estos activos subyacentes pueden ser de distintos tipos, siendo el común denominador activos financieros, como acciones, bonos, divisas, commoditties, etc. 

Los cuatro IFD más básicos, conocidos y con mayor volumen de negociación son: los forwards, futuros, opciones y swaps. En su forma más simple, a este tipo de instrumentos se les conoce como los derivados plain vanilla. Sin embargo, a medida que los mercados financieros se han ido desarrollando, y se han ido complejizando las operaciones y los tipos de instrumentos negociados, incluso en cada uno de estos derivados plain vanilla, se han ido desarrollando variaciones de los mismos con el fin de ir satisfaciendo necesidades de los inversionistas. A manera de ejemplo y, sin aun profundizar en el detalle, uno puede cotizar una opción sobre divisas simple o puede evaluar la negociación de variaciones de opciones como opciones exóticas, opciones sobre otros IFD, etc.

Sin entrar a detalle en cómo funciona, se negocian o valorizan cada uno de estos cuatro IFD; en tanto que ello será materia de futuros artículos, sí quiero centrarme en los usos de este tipo de instrumentos. Como se ha comentado líneas arriba, este tipo de instrumentos tienen fundamentalmente dos tipos de uso: con fines especulativos y con fines de cobertura.

Gran parte del atractivo de los IFD es que son instrumentos altamente apalancados, lo que significa que permiten poder generar retornos mayores a los que pueden ofrecer otros activos financieros convencionales. Salvo las opciones, los otros tres IFD que se han mencionado, no requieren inversión inicial alguna. Y, en el caso de las opciones, en donde sí es necesario el pago inicial de una prima, ésta normalmente representa un porcentaje pequeño del contrato referencial. Esto significa que, a través de la negociación de este tipo de instrumentos, se podrían obtener altos retornos sin inversión inicial alguna o una inversión menor. Ello les da la característica de apalancamiento que explica el atractivo de este tipo de instrumentos como activos con los cuales especular. No obstante, en línea con la teoría de riesgo-retorno, así como las potenciales rentabilidades significativas son posibles, el riesgo es mayor también, y potenciales pérdidas son factibles también sin una política de stop loss implementada.

Lo explicado, entonces, nos guía a concluir que operaciones con este fin, deben ser realizadas por instituciones con el expertise y conocimiento necesario para poder gestionar los riesgos asociados a operaciones especulativas.

Se ha mencionado como alternativa en el uso de los IFD, la gestión de riesgos y la utilización de estos instrumentos como herramientas de cobertura. En este sentido, lo que se busca con la operación de IFD es mitigar los riesgos financieros, y de mercado en especial, que los agentes pueden enfrentar. Aterricemos esto mediante un ejemplo para dejar en claro a qué nos referimos. Imaginemos a una empresa que se dedica a la exportación de bienes. Ésta cierra una operación al crédito con un plazo de pago de 30 días. Es usual que una vez la empresa exportadora reciba las divisas, venda estas por moneda local a fin de cubrir sus pasivos operativos. En tanto que en el trascurso de esos 30 días el tipo de cambio permanezca estable, la empresa recibirá la misma cantidad de moneda local que recibiría si vendiese las divisas el día de hoy. Sin embargo, ese escenario puede no darse; de hecho, la evolución de la variable “tipo de cambio” no depende de la empresa. Si éste cae en ese periodo de tiempo, la empresa se verá afectada porque recibirá menos moneda local por las divisas que venda. Y en caso contrario, si el tipo de cambio sube, se verá beneficiada porque habrá recibido más de la moneda local por las divisas vendidas. Esta incertidumbre en el flujo de caja del exportador se genera a partir de que la empresa, por la misma naturaleza de su negocio, enfrenta un riesgo de mercado. En este caso, un riesgo cambiario, ya que el flujo de caja en moneda local que vaya cambiar por las divisas que venda, dependerá de cómo evolucione el tipo de cambio hasta la fecha en que se deba cancelar la operación.

Sobre la base de lo explicado, se puede concluir que lo más razonable y aconsejable es que las empresas que no se dedican al rubro financiero, puedan usar los IFD con fines de mitigar y gestionar riesgos inherentes a sus negocios. Como veremos en futuros artículos, no es tan simple y directo diseñar una cobertura perfecta, pero hay mecanismos para evaluar su grado de eficacia. La historia nos ha enseñado que los problemas suelen suscitarse cuando empresas fuera del rubro financiero, hacen uso de este tipo de instrumentos, parcial o totalmente, para buscar generar retornos más allá de los que genera el core del negocio. Hay más de un ejemplo que podríamos citar pero que dejaremos de lado a fin de dedicarle futuras ediciones de este artículo, pero queda claro que perder el foco en los objetivos de las operaciones puede traer consecuencias catastróficas llegando incluso a quebrar por completo una empresa.

Un administrador financiero debe buscar crear valor a la empresa a través de la óptima administración de los recursos financieros de una compañía. Una de estas actividades, es el planeamiento financiero. Mientras más ciertos y predecibles sean los flujos de una compañía, se hace posible administrar mejor los recursos de la misma. En este sentido, los IFD son herramientas disponibles para generar certidumbre a los flujos de caja de las empresas; bien usados, ayudan a gestionar los riesgos propios del negocio. Comprender que esto genera valor, ayudará al desarrollo y liquidez de estos mercados.

Imagen de cabecera: www.unsplash.com

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