La búsqueda interminable por gestionar los riesgos: Conceptos básicos e implicancias

Por César Albarracín, miembro del equipo de redacción de The Key y líder del área de economía. 

Es común escuchar la palabra “riesgo” y entenderla como una palabra negativa y que genera cautela. La mayoría de personas lo entienden como peligro o como la posibilidad de ocurrencia de un suceso desfavorable para una o más personas. Hay mucho de cierto en eso; sin embargo, el estudio de los conceptos del riesgo y de sus implicancias en el análisis financiero es enorme, tanto cualitativa como cuantitativamente.

En ese sentido, este artículo pretende ser un introductorio para el análisis de los riesgos financieros. Se explicará primero el concepto de riesgo (qué es y qué no es riesgo), luego se mencionará algunas características de un riesgo, después se detallará los tipos de riesgos financieros bajo una clasificación (cuantificables y no cuantificables) y finalmente se hablará de la gestión del riesgo, una tarea interminable de las personas para minimizar el riesgo de las empresas y maximizar su valor.

Entonces, procedamos a definir el concepto del riesgo. Esta se puede resumir en tres palabras: Posibilidad de ocurrencia. Las personas conocen al riesgo de esa forma: Algo malo que puede suceder en un evento cualquiera. Y en el campo de las finanzas este concepto se crea de una manera similar, apoyándose en definiciones e ideas bastante cotidianas.

Sin embargo, un experto en riesgos financieros debería decirte que no todo lo malo que uno pueda pensar o prever es un riesgo. Y para aclararlo, pasemos a una definición más elaborada: Riesgo es la probabilidad cuantificable de una pérdida o reducción en las ganancias. Esta definición corta incorpora tres elementos implícitos: El primero es que debe existir un evento negativo que produzca pérdidas. El segundo es que exista incertidumbre, es decir, que haya alguna forma de cuantificar la probabilidad del evento. Y el tercero es que exista una probabilidad de ocurrencia del evento, por más pequeña que sea (digamos, 0.0000001, pero de todas maneras mayor a cero) y que esto sea indicativo de que el evento ya ocurrió anteriormente.

Veamos ejemplos de eventos que pueden ser un riesgo o no. Pensemos primero en el evento de una nevada en la capital del Perú, Lima. ¿Este evento es realmente un riesgo? Absolutamente no y uno lo puede deducir a partir de la probabilidad de ocurrencia: Nunca ha ocurrido este evento en Lima porque su probabilidad de ocurrencia es cero y no existe. Los otros dos elementos el evento los cumple: Se puede cuantificar la probabilidad de ocurrencia a través de indicadores climáticos manejados para esta ciudad y el evento de la nevada, si ocurriese, generará pérdidas monetarias, de horas hombre y materiales porque bloqueará carreteras, cerrará empresas que trabajen a campo abierto, entre otros sucesos negativos.

Pensemos ahora en eventos como enfermedades hereditarias en una familia. ¿Este evento es un riesgo para mí y mis familiares directos? Por supuesto que sí, dado que su probabilidad puede medirse con indicadores médicos propios de la enfermedad que se esté analizando. Además, el evento puede generar pérdidas monetarias, materiales e incluso pérdidas un poco más subjetivas (como la tristeza de los familiares ante la enfermedad detectada). Por último, dado que la enfermedad ya ocurrió antes en otros familiares y se está heredando en la actual generación familiar, su probabilidad de ocurrencia estará por encima de cero.

Ahora, pasemos a características propias del riesgo. Considero que la más importante es que un riesgo siempre será de suma cero. Esto quiere decir que, si el evento es un riesgo, este será un riesgo para ti y para mí. Sin embargo, luego de que el riesgo se concrete y genere consecuencias, las pérdidas no se distribuirán en todo el universo de personas afectadas, sino a un conjunto específico de individuos.

Respecto a los tipos de riesgo, la clasificación es bastante grande: Puedes agruparlos como riesgos del negocio (los riesgos que se asocian con las actividades de tu empresa) y los que no son del negocio (los riesgos externos y sobre los que no tienes ningún control). También puedes agruparlos como riesgos cuantificables (los riesgos que tienen una unidad de medición definida y pueden ser gestionados de manera continua) o los no cuantificables (los riesgos cuya medición es muy ocasional, poco estructurada o incluso nula).

Ya que este artículo es introductorio al mundo de los riesgos financieros, me enfocaré en la segunda clasificación mencionada. Los riesgos cuantificables son aquellos que pueden ser medidos continuamente y que ocurren en el ejercicio de la actividad financiera de una empresa. Estos riesgos cuantificables son cuatro. El primer riesgo cuantificable es el riesgo del mercado: La posibilidad de que se generen pérdidas en tu empresa dado movimientos adversos en variables macroeconómicas relevantes. Estas variables son generalmente el precio de activos financieros (bonos, acciones, otros instrumentos de renta fija y variable), la tasa de interés y el tipo de cambio.

El segundo riesgo cuantificable es el riesgo de crédito: La posibilidad de que individuos entren en situación de impago o default de sus deudas con tu empresa, así como la posibilidad de que realicen pagos incompletos o fuera de la fecha de vencimiento. Este riesgo no solo está asociado a los bancos o instituciones financieras que realizan actividades de préstamo, sino en general con cualquier empresa que tenga cuentas por cobrar.

El tercer riesgo cuantificable es el riesgo de liquidez: La posibilidad de que tu empresa no tenga disponibilidad de dinero el día de hoy. Este riesgo se puede dividir en dos subtipos adicionales: El riesgo de fondeo (la posibilidad que no tengas dinero disponible para cumplir tus obligaciones) y el riesgo de transacción (la posibilidad de que seas incapaz de convertir los activos de tu empresa en dinero, si es que estás dispuesto a vender dichos activos).

El cuarto riesgo cuantificable es el riesgo operacional: La posibilidad de que no ocurran los resultados esperados en la plena operación de tu empresa. Este riesgo es bastante complejo dado que está ligado a los componentes de tu empresa que puedes controlar (personal, maquinaria, utensilios, entre otros) como los que no puedes controlar (hechos imprevistos). Sin embargo, puede ser gestionado de una forma adecuada considerando algún nivel de tolerancia (o aversión al riesgo) a eventos propios de la operación.

Ahora, los riesgos no cuantificables no pueden medirse de manera continua o incluso no tienen una unidad de medición totalmente definida. Sin embargo, estos riesgos pueden ocurrir dentro del ejercicio de la actividad financiera de una empresa. Uno de estos riesgos es el legal o regulatorio: La posibilidad de que sufras eventos adversos de acuerdo a la ley actual, como la demanda de clientes o de trabajadores a tu empresa.

El segundo riesgo no cuantificable es el tecnológico: La posibilidad de que sufras eventos adversos en tus sistemas de información o trabajo que emplees en la actividad financiera. El ejemplo más común es el hacking de cuentas de correo electrónico, de usuarios a plataformas, etc. Asimismo, también son considerados riesgos tecnológicos la posibilidad de estancamiento en las innovaciones financieras u operativas que realice tu empresa.

Por último, pasemos al concepto de la “Gestión del riesgo”. Este realmente es un proceso de mejora continua, donde se llevan diferentes tipos de tareas que permitirán dos cosas: Minimizar los indicadores de riesgos que maneje una empresa y maximizar el valor total de la misma. Las tareas a realizar por un analista o gestor del riesgo son diversas y dependerán del tipo de riesgo que administre.

Por ejemplo, si se está gestionando el riesgo crediticio, lo natural es calcular la pérdida potencial de una cartera o portafolio de clientes, para así determinar montos de dinero como provisiones o aumentos de patrimonio para proteger a la compañía ante escenarios de impago, atrasos de pago o pagos incompletos. Mientras que, si se está gestionando el riesgo mercado, se pueden utilizar instrumentos financieros de cobertura (como los derivados financieros) para cubrirse ante variaciones adversas en las variables macroeconómicas que nos impacten directamente. Los alcances de la gestión del riesgo son mucho mayores en finanzas, pero eso ya será explicado en futuros artículos.

Como conclusión, me gustaría indicar lo siguiente: El riesgo es un componente recurrente en el análisis y gestión financiera de las empresas. Por ende, siempre debe ser considerado como una parte fundamental de la salud financiera de un negocio. Sin embargo, hay que saber diferenciar eventos que pueden tener riesgo o no a partir de sus elementos esenciales y características.

Además, todos los eventos que sean riesgo impactarán áreas diferentes de una empresa (cobranzas, pagos, caja, operaciones, etc.) porque hay diferentes tipos de riesgos. Nuestra tarea es administrarlos adecuadamente, vía una medición objetiva y aplicando planes de acción que permitan reducir los niveles excesivos de riesgo en cada caso. Solo así se logrará el objetivo final, maximizar el valor de los activos, es decir, el valor total de la empresa.

Imagen de cabecera: patchapmanpincher.com; https://www.patchapmanpincher.com/blog/objects-in-the-rear-view-mirror-may-appear-riskier-than-they-are/

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